Secuelas neurológicas de la COVID-19

Pérdida del olfato, quejas cognitivas y dolor de cabeza, entre las posibles secuelas de la COVID-19

La COVID-19 puede dejar secuelas respiratorias, cardiovasculares o bucodentales. Algunos pacientes que han superado la enfermedad pueden también experimentar secuelas neurológicas, es decir, que afectan al sistema nervioso central y periférico. Por ejemplo, hay personas que perdieron el olfato hace seis meses y todavía no lo han recuperado. También hay quienes tienen dolor de cabeza, dificultad para concentrarse y problemas de memoria.

Un estudio publicado en la revista Brain indica que la COVID-19 puede ser la causa de complicaciones neurológicas como psicosis y delirio. Además, advierte de las secuelas que puede tener a largo plazo la infección por SARS-CoV-2 en el cerebro de los enfermos y destaca la necesidad de realizar estudios de seguimiento. La preocupación ahora para los investigadores es hasta qué punto las personas recuperadas tendrán daños neurológicos y déficits cognitivos.

Los pacientes con secuelas neurológicas sufren sobre todo de anosmia (pérdida del sentido del olfato) y disgeusia (un trastorno por el que se tiene un mal sabor persistente en la boca) no recuperada. En torno al 80% sí se han recuperado, pero un 20% permanece sin capacidad olfatoria o con disosmia (percepción distorsionada de un olor bien en presencia del mismo o en su ausencia). Además, muchas personas tienen mialgias (dolor muscular).

Por otro lado, hay quienes afirman que no se concentran igual que antes o han perdido memoria. Hay pacientes que se quejan sobre todo de persistencia de cefalea (dolor de cabeza) y de que sufren alteraciones de memoria.

Durante la fase aguda de COVID-19, algunos pacientes mostraron encefalopatías (pérdida de la función cerebral) que iban “desde el simple aturdimiento hasta la bradipsiquia (lentitud en el proceso cognitivo) o incluso el estupor”.

“Algunosde estos pacientes que estuvieron más graves, una vez recuperados, nos cuentan que meses después todavía no se encuentran del todo lúcidos”.

Un neurólogo explica que hay secuelas como la pérdida del sentido del olfato “que son más un engorro que otra cosa”. La encefalopatía grave “puede ir seguida de cuadros disejecutivos (de no poder hacer a la vez varias cosas) que pueden limitar mucho el día a día familiar o laboral de una persona, más todavía si es joven y está en la época de mayor rendimiento profesional o mayor responsabilidad familiar”.

“Aunque los pacientes se quejan de dificultades cognitivas, los test que hemos podido pasar en la consulta son normales y en la neuroimagen no hay ninguna anomalía”, indica Segura, que también es profesor titular de Neurología de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Daños en el nervio óptico o crisis epilépticas en algunos pacientes

Además, se han diagnosticado algunos casos de neuritis óptica. Esta dolencia se produce cuando el nervio óptico, que lleva las imágenes de lo que ve el ojo al cerebro, se hincha o inflama, lo que puede causar una reducción repentina de la visión en el ojo afectado.

Pese a que algunos pacientes han experimentado el síndrome de Guillain-Barré, un estudio publicado en la revista Brain concluye que no existe una asociación significativa entre la COVID-19 y este trastorno es común en otras infecciones virales. Se trata de un problema de salud grave que ocurre cuando el sistema de defensa del cuerpo (sistema inmunitario) ataca parte del sistema nervioso periférico por error. Esto conlleva una inflamación de los nervios que ocasiona debilidad muscular o parálisis y otros síntomas.

Algunos pacientes con patología grave de la COVID-19 también han sufrido crisis epilépticas sin tener casos en su historia familiar y otros desórdenes previos similares.

Estos casos muestran una correlación positiva con la ya conocida ‘tormenta de citoquinas’, que puede provocar una hiperexcitabilidad neuronal que explicara estos fenómenos. Pero tampoco hay que rechazar la hipótesis de que estas crisis de ataques epilépticos puedan deberse a un efecto de los fármacos administrados para tratar la COVID-19, tales como el ritonavir o ribavirin en algunos de los casos.

Algunos pacientes graves pueden experimentar secuelas indirectas como trastornos del habla o de la sensibilidad en las extremidades.

Otros pacientes experimentan secuelas indirectas. Es decir, aquellas que no se deberían directamente a la COVID-19, sino a las complicaciones que la enfermedad produce (ictus, estancia prolongada en UCI, intubación…).

En una revisión de los trastornos neurológicos detectados durante la pandemia se indica que algunos pacientes sufren enfermedad cerebrovascular. En particular, accidentes cerebrovasculares isquémicos (también conocidos como ictus isquémicos).

Las alteraciones vasculares y trombosis también están entre las secuelas de la COVID-19. Joaquim Gea, jefe del servicio de Neumología del Hospital del Mar de Barcelona, indica que esto puede provocar “problemas en los órganos que reciban poca sangre, que pueden ser el corazón, el cerebro, las extremidades o el pulmón”.

Hay pacientes que han estado graves que experimentan secuelas debidas al ictus. Por ejemplo, debilidad de miembros, trastornos del habla o alteraciones del equilibrio y de la marcha. Los pacientes también pueden tener secuelas debidas al ingreso prolongado en UCI, como trastornos de la fuerza o de la sensibilidad en brazos y piernas.

“Es ahora cuando empezamos a darnos cuenta de la importancia de estas secuelas neurológicas ya que el escaso tiempo transcurrido desde los primeros casos hizo que la investigación científica abordara antes el fallo cardiorrespiratorio. Afortunadamente, hoy sabemos que hay otras posibles consecuencias a nivel neurológico y cognitivo, que pueden llegar a resultar en eventos más graves, como el ictus o encefalopatías severas”, afirma Ochoa de Amezaga.

Una revisión de la literatura científica sobre esta cuestión indica que, aunque los síntomas neurológicos no son frecuentes en las epidemias de otros coronavirus, el alto número de pacientes con infección por SARS-CoV-2 puede explicar la mayor presencia del virus en el sistema nervioso central y aumentar la probabilidad de síntomas neurológicos de aparición temprana o tardía. Los autores aseguran que el seguimiento de los pacientes afectados por la pandemia de SARS-CoV-2 debe incluir una evaluación cuidadosa del sistema nervioso central.

Secuelas covid

¿Hasta dónde es probable que una persona que ha sufrido la COVID-19 presente este tipo de secuelas?

Ezpeleta indica que las complicaciones menos graves, como anosmia, cefalea o cansancio, es más probable que aparezcan en personas jóvenes o en edades medias. “Las complicaciones más graves como ictus o aquellas relacionadas con una estancia prolongada en UCI son más probables en personas de más edad”, afirma.

Por su parte, Matías-Guiu considera que los pacientes de más edad y con más factores de riesgo tienen más posibilidad de sufrir secuelas como la encefalitis, las crisis epilépticas, los ictus o la miopatía (enfermedad del músculo).

La mayoría de personas que han acudido al servicio de Neurología del hospital de Albacete porque presentan secuelas son mujeres menores de 60 años que no fueron hospitalizadas durante la pandemia, según cuenta Segura. De entre los que sí estuvieron hospitalizados, aquellos que han sufrido un ictus o encefalopatías graves “siempre tienen secuelas”.

Hacen falta más estudios para concretar cuánto pueden durar estas secuelas.

Aún es pronto para saber con certeza cuánto pueden durar las secuelas neurológicas. “La probabilidad de que persistan más allá de los seis meses creemos que es baja”, indica Ezpeleta. Aun así, los estudios que las investigan a medio plazo son limitados y hay que tomarlos con cautela. Para saber las que quedan a largo plazo, habrá que esperar a que pase más tiempo y se realicen más investigaciones.

Lo que ya se está comprobando es que la pérdida del sentido del olfato se recupera en la mayoría de los pacientes antes de cuatro semanas. Pero en algunos tarda hasta tres meses. En aquellos que la sufrieron hace seis meses y aún no han recuperado el olfato, hay que decirles que es probable que nunca lo recuperen, ya que actuamos por analogía con esta secuela en otras infecciones víricas.

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