Pandemia, animales y naturaleza

La Covid-19 es una cuestión que está lejos de resolverse, y mientras tanto ya se está hablando de los problemas que la humanidad tendrá que afrontar en el futuro.

Según muchos expertos, hemos entrado en lo que podríamos llamar, de forma un tanto brutal, la «era de las pandemias», de la que la Covid fue un capítulo especialmente significativo a nivel mundial. Pero demos un paso atrás. La mayoría de las enfermedades que preocupan a los expertos hoy en día se originan en los animales, según un proceso llamado zoonosis, de los dos términos griegos zoo (animal) y nosos (enfermedad).

Resulta que, según los científicos, es la propia proximidad de los humanos con los animales salvajes, debido a la invasión antropogénica de sus hábitats naturales, la que nos pone en contacto con el peligro de nuevos contagios. La caza y el comercio de animales salvajes, así como la destrucción de los ecosistemas y la facilidad y rapidez de los desplazamientos, aumentan el contacto y la interacción entre los animales salvajes y los seres humanos, lo que da lugar a la propagación de especies y a la transmisión de enfermedades.

Una investigación publicada el año pasado en Proceedings of the Royal Society B, existe una elevada proporción de virus zoonóticos entre las especies amenazadas de extinción por persecución o pérdida de hábitat. Las especies domésticas son responsables de aproximadamente la mitad de las zoonosis víricas. Las vacas y los cerdos albergan, por ejemplo, 31 virus zoonóticos. La cepa de la gripe H1N1 es de origen porcino.

Entre las especies salvajes, los roedores, los primates y los murciélagos son responsables del 75,8% de los patógenos virales.

Estudios recientes sugieren que ya entre el Neolítico y la Edad de Bronce las poblaciones europeas estaban plagadas de peste (causada por la bacteria Yersinia pestis) debido a la concentración de humanos y animales en conglomerados heterogéneos.

En un estudio de WWF publicado el pasado mes de marzo (titulado Pandemias, el efecto boomerang de la destrucción de los ecosistemas) se señala: «En la base del origen del nuevo coronavirus está el fenómeno del spillover, o salto interespecífico, momento en el que un patógeno pasa de una especie huésped a otra, en este caso del animal al hombre. Los reservorios más probables del virus Sars-CoV-2 son algunas especies de murciélagos, pero queda abierta la hipótesis de que para facilitar la propagación como huéspedes intermediarios estuvieran los pangolines».

El WWF continúa: «Recientemente, una amplia investigación ha relacionado el importante papel de la alteración de los ecosistemas en el nacimiento y la propagación de enfermedades infecciosas. Los científicos de todo el mundo son conscientes de que entre las causas de la propagación de enfermedades infecciosas emergentes, como el ébola, la fiebre hemorrágica de Marburgo, el SARS, el MERS, la fiebre del Valle del Rift, el Zika y muchas otras, hay factores importantes como la pérdida de hábitat, la creación de entornos artificiales, la manipulación y el comercio de animales salvajes y, en general, la destrucción de la biodiversidad».

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus Nipah está relacionado con 10 enfermedades prioritarias que la OMS considera que podrían causar una pandemia. También están los mosquitos en Norteamérica: cada año, las enfermedades transmitidas por los mosquitos matan a casi un millón de personas e infectan a unos 700 millones, casi una de cada 10 personas en todo el mundo.

También están los camellos, de los que dependen millones de personas en África y Oriente Medio para obtener leche y carne, que pueden ser portadores de Mers, un coronavirus mucho más mortífero que el Covid-19 aunque se ha circunscrito más fácilmente precisamente por su letalidad. Aunque existe una vacuna contra la fiebre amarilla, transmitida por los monos, la enfermedad infecta a unas 200 mil personas y mata a 30 mil cada año.

El Mundo no está preparado para la próxima pandemia

La tarea de los gobiernos es proteger a los ciudadanos de estos acontecimientos. Durante esta pandemia, habría habido una gran diferencia si la preparación hubiera sido mejor.

Si algo va a matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, es muy probable que sea un virus altamente infeccioso y no una guerra. Algunos apuntan que en unos 10 años un virus más letal provocará una mortalidad de 1.500 a 3.500 millones de personas.

Las dos amenazas que podrían golpearnos en los próximos años: el cambio climático, fuertemente ligado al tema de las pandemias precisamente por nuestras frecuentes invasiones de nuevos hábitats; y el bioterrorismo, es decir, el uso intencionado de agentes biológicos en atentados, sabotajes, masacres o amenazas.

Hemos visto el devastador impacto de Covid en las economías, el colapso de los ingresos y el dramático aumento del desempleo.

El rápido desarrollo de vacunas contra la Covid de gran eficacia menos de un año después de la aparición de la enfermedad es, sin embargo, un tremendo éxito al que se puede confiar la tarea primordial de restablecer la actividad económica y social. Esto ha sido posible, en parte, gracias a ciertas propiedades del coronavirus Sars-CoV-2 que ayudan al diseño de la vacuna, en particular la ya famosa proteína de espiga en la superficie del virus. Sin embargo, un próximo virus podría ser más hostil. Una vacuna podría tardar más en producirse. Por ello, varios investigadores instan a adoptar un enfoque alternativo para prepararse ante una posible pandemia.

Pandemias

Los científicos explican que una clase especial de anticuerpos protectores llamados anticuerpos ampliamente neutralizantes, también llamados panvíricos, funcionan contra muchas cepas diferentes de virus relacionados, como la gripe y el coronavirus.

Anticuerpos que podrían utilizarse como medicamentos de primera línea para prevenir o tratar los virus de una determinada familia, incluidas las nuevas cepas que aún no han aparecido. Y lo que es más importante, podrían utilizarse para diseñar vacunas contra los distintos «primos» de una familia de virus.

Estas vacunas panvirales podrían fabricarse con antelación y utilizarse antes de que la próxima infección se convierta en una pandemia. Para no encontrarnos, de nuevo, desprevenidos ante una pandemia con sus consecuencias de pérdida de vidas y perturbación de las interacciones económicas y sociales necesarias para la vida y el bienestar material de millones de personas.

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