La Tierra ha perdido dos de cada tres animales en los últimos 50 años

La Tierra ha perdido dos tercios de sus poblaciones de fauna salvaje en menos de medio siglo. El declive de la fauna salvaje es paralelo a la degradación de sus hábitats. Por eso esta pérdida es también una alerta sobre la agonía de enclaves que sirven de sustento biológico de los que depende la humanidad.

Las tendencias poblacionales de las especies son importantes porque constituyen un buen indicador de la salud global de los ecosistemas.

Los animales salvajes están perdiendo sus territorios: en las montañas, en los bosques, en los ríos y en los mares, lo que afecta a un buen número de especies.

La presión humana en los hábitats salvajes impacta en la fauna y en al aumento de enfermedades zoonóticas.

Los investigadores de WWF y la Sociedad Zoológica de Londres recompilaron en su informe centenares de datos científicos y concluyeron que la galopante pérdida de biodiversidad se debe a la destrucción de hábitats silvestres, la sobreexplotación de las especies y la contaminación, así como la invasión de especies exóticas y el cambio climático.

Los datos hacen saltar las alarmas, ya que la humanidad sigue ocasionando la destrucción de la diversidad biológica. La sobreexplotación de selvas y bosques está matando la fauna salvaje. En los últimos 50 años la población global de muchos de los vertebrados se ha reducido en más de dos tercios, concretamente un 68%, según los cálculos del grupo naturista WWF, que ha analizado la evolución de más de 21.000 poblaciones de 4.000 especies.

Las principales amenazas para las especies que aparecen en el informe están directamente relacionadas con las actividades humanas, incluida la deforestación, la agricultura intensiva y el tráfico de especies.

Durante las últimas décadas, la actividad humana ha dañado gravemente los hábitats y los recursos naturales de los cuales dependen la vida silvestre y la humanidad, como los océanos, los bosques, los arrecifes de coral, los humedales o los manglares.

Por regiones, la peor parte se la lleva la América Latina, que está viendo desaparecer la totalidad de sus animales, con un 94% menos. Le sigue a cierta distancia África (65% menos) y Asia (45%). En Europa la reducción de la población animal es menor. La magnitud de la pérdida de diversidad no tiene precedentes y, si se viera en una gráfica como década tras década se ha ido reduciendo la fauna, los animales bajan de una forma dramática camino de la extinción.

Pérdida de hábitats

Las caídas son especialmente graves entre las especies que viven en agua dulce (básicamente rios). En estos hábitats la población animal se ha reducido hasta un dramático 84%, casi 9 de cada 10 especies. Es el caso del delfín del Yang-Tse, uno de los pocos delfines de agua dulce, que perdió el 97% de los ejempleares coincidiendo con la época en que se construyó la presa de las Tres Gargantas (China), el proyecto hidroeléctrico más grande del mundo.

En el informe se destaca la pérdida de hasta el 87% de la población de gorilas de la República Democrática del Congo.

El comercio ilegal de pájaros se puede decir que ha dejado a un paso de la desaparición el loro gris africano de Ghana, según los investigadores, que estiman que ya sólo queda el 1% de la población de hace cinco décadas.

Las conclusiones del informe que la organización WWF publica son claras: el tiempo se acaba para salvar la biodiversidad que habita en la Tierra, a causa de la presión urbanística y la voraz actividad comercial alrededor de las masas de bosques, que año tras año van perdiendo superficie. La desforestación y, en el sentido más amplio, la pérdida de hábitat, que se basa en la manera en que producimos y consumimos alimentos, es la principal causa de este dramático declive, según el director de WWF, y las consecuencias letales no tan sólo son para la vida de la fauna sino también entre los humanos.

Y en este sentido, el ébola o el coronavirus, sostienen los autores del informe, son grandes ejemplos que esta sobreexplotación de territorios salvajes obliga personas y animales a una convivencia más estrecha y, por tanto, se facilita la transmisión de virus y de enfermedades zoonóticas, es decir, que dan el salto de monos o murciélagos en las personas.

Los autores del informe no se limitan a señalar que los excesos de los humanos son caros en biodiversidad sino que insisten en que el ritmo de destrucción aumenta y cada vez es más difícil poder revertir los efectos de la sobreexplotación de los recursos naturales.

Es en este punto que la conciencia y el compromiso de la sociedad, gobiernos y también empresas serán cruciales para el futuro de la diversidad mundial. WWF apunta que los consumidores tienen un gran poder de transformación y cambio que la decisión en la elección de su compra por productos y marcas sostenibles marcará la diferencia entre detener la pérdida de la fauna y avanzar hacia la sexta extinción, como ya alertó la ONU el año pasado. En las empresas, continúa el estudio, los habrá que poner en práctica nuevas cadenas de producción y distribución para reducir el impacto, y los gobiernos, unas legislaciones que se vierta en la protección de la naturaleza.

¿Sabías que, aproximadamente, el 80% de las tierras cultivadas en el Mundo se usan para alimentar animales para el consumo humano?

¿Y que si fuéramos veganos nos sobraría la mitad del terreno de cultivo actual?

Se imaginan cuántos ecosistemas se podrían recuperar.

Proteger nuestra riqueza natural minimizará futuras pandemias.

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