Hacia el 2050 morirán más personas por infecciones

Los antibióticos son moléculas que destruyen los microorganismos (bacterias, virus, hongos) causantes de las infecciones. Las infecciones bacterianas son las más frecuentes y han «aprendido» a resistir a estos medicamentos que, con la invención de la penicilina en 1928 gracias a Alexander Fleming, cambiaron el rumbo de la humanidad. El jefe de Enfermedades Infecciosas del Hospital del Mar de Barcelona, Juan Pablo Horcajada (Valladolid, 1966), explica por qué las personas son cada vez más resistentes a los antibióticos y cuáles son los peligros de que disminuya la efectividad de los mismos.

Penicilina

¿Cuándo se produce una infección?

Cuando los microorganismos invaden el cuerpo humano. Unos lo hacen a través de la vía respiratoria -así se producen las infecciones respiratorias, las neumonías-; otros, a través de la piel -así se producen las infecciones de la piel que pueden pasar a la sangre-. Y las infecciones del intestino se producen directamente cuando los microorganismos invaden tejidos fuera del intestino. También hay otras infecciones, como la de orina, que se produce en el aparato urinario. Son los ejemplos más comunes.

¿Cuáles son las infecciones más comunes en el mundo occidental?

En primer lugar, las respiratorias, incluyendo la neumonía. Después, las infecciones de la vía urinaria, las del intestino -aunque estas son más frecuentes en los países en vías de desarrollo- y las de la piel y tejidos blandos. Por último, las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, por ejemplo tras las intervenciones quirúrgicas. Estas son las más frecuentes dentro de los hospitales.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que la resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la población mundial. 

¿Por qué?

Es un problema de salud pública. Si los antibióticos funcionaran correctamente, la mayoría de las infecciones se curarían, pero no es así porque las bacterias tienen la capacidad de acabar sobreviviendo a esos productos químicos. Los antibióticos existen en la naturaleza desde hace millones de años y las bacterias los utilizan a su conveniencia para sobrevivir.

Ponga un ejemplo.
Los hongos producen antibióticos contra las bacterias: este fue el descubrimiento de Alexander Fleming. En un cultivo de un laboratorio, a Fleming le cayó por error un hongo y las bacterias que había ahí se murieron. Vio que era porque el antibiótico lo producía el hongo. Es decir, el hongo, para sobrevivir, crea antibióticos a su alrededor que evitan que las bacterias ocupen su espacio. Esos son los antibióticos que después hemos utilizado para curar infecciones, pero las bacterias se los acaban ‘aprendiendo’: se hacen inmunes con el paso del tiempo.

¿Por qué?

Sobre todo por la muy frecuente utilización de antibióticos o por utilizarlos mal, esto es, en dosis inconvenientes. Ello hace que las bacterias, como digo, acaben ‘aprendiéndose’ a los antibióticos y que estos no actúen. Ese es el drama que tenemos ahora en algunas infecciones; por ejemplo, en las urinarias. Algunas son muy difíciles de tratar con antibióticos y los pacientes acaban ingresando en el hospital para darles el suero.

¿La gente muere por resistencia a los antibióticos?

Sí, es algo que está pasando ya. Y los cálculos son cada vez más desalentadores. Hace años se hablaba de que en EEUU se producían unas 25.000 muertes al año por las bacterias resistentes. Ahora se habla ya de 150.000 muertes anuales por culpa de infecciones de gérmenes multiresistentes.

¿Qué más peligros entraña esta resistencia a los antibióticos?

Existen riesgos -aunque es algo que no ha ocurrido aún- de que los programas de trasplantes o las cirugías más complejas se tengan que parar porque al paciente resulta que puedes hacerle un trasplante pero no curarle las infecciones que puedan ocurrir después. Los enfermos trasplantados tienen infecciones muy graves porque sus defensas están muy bajas, y las infecciones multirresistentes podrían poner en jaque esta actividad sanitaria.

¿Existen cifras al respecto?

Hay un informe británico del economista Jim O’Neill acerca del impacto de la resistencia a los antibióticos en el mundo en el 2050. El documento, muy serio y fidedigno, calcula que, si no se actúa pronto, para entonces habrá más muertes por resistencia a los antibióticos que muertes por cáncer. Es decir, dentro de 31 años en el mundo habrá ocho millones de muertes por cáncer y 10 millones por infecciones. Además, hay otro problema muy importante: la industria farmacéutica prefiere invertir en diabetes o en hipertensión arterial -enfermedades crónicas- que en infecciones que se curan. AstraZeneca o Novartis, por ejemplo, se han salido del mercado de los antibióticos porque no les resulta rentable, ya que requieren grandes inversiones y, con las condiciones que se les impone actualmente, no obtienen el retorno adecuado.

¿Y cómo debe abordarse esta problemática desde el punto de vista médico?

De momento, con las moléculas viejas, ya que tenemos muy pocos antibióticos nuevos. Y con todos ellos tratamos de optimizar el tratamiento. Para eso existen en España los Programas de Optimización del Uso de Antibióticos (PROA), que buscan que la prescripción de un antibiótico se haga de la mejor manera posible. El Hospital del Mar de Barcelona fue uno de los primeros en trabajar con los PROA. Santiago Grau, jefe de Farmacia del Hospital del Mar, y yo somos los coordinadores del PROA dentro de la Vigilància de les infeccions nosocomials als hospitals de Catalunya (Vincat).

Además, es preciso invertir mucho más en investigación en infecciones y antibióticos con dinero público.

¿Cuál es el antibiótico ante el que más brotes se han detectado?

La penicilina. Prácticamente la hemos perdido. Nació en 1928 gracias al doctor Fleming, y él ya advirtió de que su utilización inadecuada podría provocar la resistencia a ella. Y así ha sido: ahora prácticamente no se usa, pues para muchas infecciones ya no es útil. Este es el ejemplo paradigmático, porque además la penicilina es un antibiótico buenísimo. Cuando funciona, es espectacular. En su momento supuso una revolución y ahora muchas bacterias se han hecho resistentes a ella.

Los antibióticos han cambiado la historia de la humanidad.

Son muy eficaces. En los años 20 y 30, las tasas de mortalidad eran altísimas, pero la curva de mortalidad por infecciones bajó muchísimo. Fue tan espectacular, que hay quienes hablan del milagro de los antibióticos y eso es lo que estamos a punto de perder si no nos espabilamos. Los antibióticos han permitido que sobrevivan muchísimos niños que antiguamente morían en los partos. Han permitido que la sociedad haya evolucionado del modo en que lo ha hecho porque han salvado millones y millones de vidas. Antes la gente moría de una neumonía, de una diarrea, de una infección de orina.

¿En qué consiste el trasplante de microbiota o de heces se está utilizando como técnica para tratar algunas infecciones?

Se utiliza en la infección intestinal producida por el ‘Clostridium difficile’, una bacteria que normalmente habita en el intestino en cantidades muy pequeñas y que, cuando se toman antibióticos para otras infecciones, se puede despertar.

Esta es una infección con muchas diarreas. Para tratarla, se pensó en repoblar el intestino con flora sana obtenida de un donante sano y trasplantada al enfermo.

En el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital del Mar también tratan el VIH/Sida. ¿Cuáles son las líneas de investigación?

El VIH es una infección crónica gracias a los antirretrovirales, si bien en sus inicios era mortal. De momento, no tiene cura pero sí se deja con muy baja capacidad de acción, por lo que la capacidad de contagio es prácticamente nula. Así, los pacientes viven más y mejor. La investigación, por un lado, trabaja en su erradicación y, por otro, en que la calidad asistencial de los pacientes sea cada vez mejor. Porque aunque parezca que están curados, no lo están y su situación no es exactamente igual que la de una persona sin VIH. Así, una parte de la investigación está centrada en el envejecimiento del paciente con VIH.

¿Existe también resistencia a los antibióticos del sida?

Sí, ha ocurrido y ocurre. Si los antivirales no se utilizan bien, pueden volverse resistentes. E incluso utilizándolos bien se vuelven resistentes en determinados pacientes, sobre todo los antirretrovirales de los primeros años. Esos se han perdido porque se han vuelto resistentes. Aquí la investigación sí ha ido muy hacia adelante porque los gobiernos han participado en ella y a la industria le es rentable, ya que el que paga es el Gobierno.

Terapia para combatir las infecciones por superbacterias resistentes a antibióticos

Es una solución para combatir las infecciones causadas por superbacterias resistentes a antibióticos, gracias a una combinación de ingredientes que permitiría matar a uno de los patógenos más graves en resistencia a fármacos y virulencia, la bacteria ‘Pseudomonas aeruginosa’.

La combinación de ingredientes, a base de nitrito acidificado y ácido etilendiaminotetraacético, ha adoptado el nombre de AB569 y se ha observado su capacidad para eliminar esta bacteria que constituye uno de los seis patógenos ESKAPE, más resistentes y mortales para los humanos.

Para el estudio, que se ha publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America’, se han aplicado células humanizadas con ‘Pseudomonas eruginosa’ en pulmones de ratones de laboratorio durante un período de cinco días, logrando definir AB569 con un «medio seguro y efectivo» para la erradicación de las superbacterias.

AB569 mata estas bacterias patógenas al atacar su biosíntesis de ADN, ARN y proteínas, así como la energía y el metabolismo del hierro a concentraciones que no dañan las células humanas.

Las Superbacterias y su Resistencia a Antibióticos

Los patógenos de ESKAPE incluyen ‘Enterococcus faecium’, ‘Staphylococcus aureus’, ‘Klebsiella pneumoniae’, ‘Acinetobacter baumannii’, ‘Pseudomonas aeruginosa’ y ‘Enterobacter spp’. Generalmente provocan infecciones adquiridas en el hospital que conducen a enfermedades como neumonía e infecciones por MRSA. Las infecciones del tracto urinario que son resistentes a los antibióticos también se encuentran entre las enfermedades causadas por estos organismos.

Estas superbacterias tienen un mecanismo ingenioso para resistir las terapias antibióticas tradicionales mediante una gran cantidad de estrategias adquiridas.

La Nueva Combinación de Ingredientes AB659

La nueva terapia AB569, patentada por Hassett por primera vez en marzo de 2018, fue vista desde el inicio como un tratamiento potencial para muchos organismos resistentes a los antibióticos que causan infecciones pulmonares en pacientes con fibrosis quística, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y muchas otras infecciones.

Mientras los antibióticos afectan a procesos específicos en las bacterias, pero no a todos, con AB569 se ha logrado incidir sobre múltiples procesos a la vez.

AB569 también podría ser eficaz para tratar infecciones relacionadas con quemaduras graves, trastornos del tracto urinario, endocarditis y diabetes.

El experto ha explicado que la resistencia de estas superbacterias puede deberse a un uso excesivo de medicamentos y prescripción, un uso inapropiado y relacionado con el cumplimiento de antimicrobianos, así como el uso excesivo en las industrias de pollo, carne de res o productos farmacéuticos de calidad inferior. Los patógenos desarrollan rápidamente nuevos medios para combatir la terapia con medicamentos.

Las superbacterias generalmente se encuentran en áreas del mundo donde hay una alta densidad de población, lo que facilita la rápida propagación de dichos organismos. Una nueva terapia para combatir las infecciones por superbacterias resistentes a antibióticos. De hecho, las personas que han viajado a áreas del mundo con altas tasas de bacterias resistentes a los antibióticos como el sur de Asia y Oriente Medio son más propensos a portar estas superbacterias.

Esta es la razón por la cual los pacientes a menudo se ponen en cuarentena si dan positivo para dichos organismos mientras los epidemiólogos están alerta para rastrear la propagación del patógeno.

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