Filtros de Purificadores de Aire

La instalación de purificadores de aire con filtros HEPA o ULPA es una medida por la que están optando algunos centros comerciales, centros escolares, universidades, entre las entidades que más lo solicitan.

En muchos centros han comprado unos aparatos llamados filtros HEPA. Los filtros HEPA son los sistemas de renovación de aire que llevan, por ejemplo, los aviones. Absorben el aire viciado, lo purifican, y vuelven a expulsar aire limpio. Parece la panacea pero los expertos dicen que ponerlos en las clases es «una locura».

No tienen ningún efecto en la prevención del coronavirus en espacios abiertos o semiabiertos, es una solución que no garantiza la retención del patógeno.

La compañías encargadas de la instalación de los purificadores de aire en estas entidades, argumentan que utilizan una tecnología con una efectividad del 99,8% en micropartículas como la de la Covid-19. Se refiere a los filtros HEPA, capaces de atrapar, que no de eliminar, la práctica totalidad de las partículas mayores de 0,3 micras y que son un instrumento que en los últimos tiempos, especialmente desde la crisis del SARS, se ha vuelto bastante común en zonas hospitalarias de aislamiento o tan reducidas que necesitan ventilación constante.

El problema es que el tamaño de una partícula de Covid-19 es de unas 0,12 micras (0,06 a 0,14 micras), casi tres veces menor que la capacidad de filtrado de un purificador, y que, en entornos tan amplios como un centro comercial, es casi imposible que sean atrapadas por estos aparatos. De hecho, jamás se ha llevado a cabo un experimento de este tipo en un espacio de las dimensiones de un centro comercial y, quizás por eso, los filtros HEPA apenas se mencionan un par de veces en la extensa bibliografía elaborada por Sanidad en cuanto a medidas de prevención desde el inicio de la crisis del coronavirus.

filtros hepa

Algunos especialistas en sanidad ambiental empiezan a recomendarlo, pero las administraciones locales ni Sanidad recomiendan instalarlos por lo menos en los colegios.

José Mª Ordoñez Iriarte, portavoz Sociedad Española de Sanidad Ambiental y Sociedad Española de Salud Pública, es aún más contundente: «Me parece una locura, no son necesarios e incluso pueden dar falsa seguridad y evitar que se haga lo verdaderamente importante: ventilar».

Ordóñez Iriarte ha asesorado tanto a la Comunidad de Madrid como al Ministerio de Sanidad sobre la propagación del SARS-CoV-2 en espacios cerrados, en interiores. Y sobre el papel de los aerosoles en el contagio, tiene clara una cosa: que sí, pueden portar el virus, pero sólo en sitios cerrados con una alta concentración de personas. «La literatura científica sigue acreditando como principal fuente de contagio las gotículas gruesas de saliva, que se propagan pocos metros y pueden contagiar si no llevamos mascarilla y no guardamos la distancia de seguridad», explica. Por eso asevera que hay tres normas básicas que cumplir antes que instalar filtros HEPA:

  • aforo
  • mascarilla
  • ventilación natural

 

Es decir, que los espacios cerrados tienen que mantener un aforo reducido, que las personas que estén en ese lugar lleven mascarilla y que haya ventilación natural: abrir las ventanas.

PHS Serkonten -filial de la británica PHS Group- creó a finales de abril del 2020 el distintivo ‘Libre de Covid‘, una suerte de homologación de espacios comerciales no dependiente de ninguna institución, y basa su modelo de negocio en la higienización de estos mismos espacios. Al margen del posible conflicto de intereses, quizás lo más paradójico es que el fabricante de los filtros HEPA que instala, llamado Aeramax Pro, ha desmentido públicamente que sus filtros sean eficaces contra la Covid-19. En este sentido, cabe preguntarse: ¿es más seguro un centro comercial con purificadores de aire o se trata simplemente de un ‘efecto placebo’ para crear una falsa sensación de seguridad en el consumidor?

La historia de los filtros HEPA

Lo primero que hay que señalar es que aún no se han realizado estudios concretos sobre su efectividad a la hora de retener partículas de Covid-19, por lo que la mayoría de la información de la que se nutren medios o agencias sanitarias son suposiciones. Sí existe, alguna oportuna investigación reciente, como la llevada a cabo por el propietario de una empresa de higiene industrial y publicada en ReseachGate, que trata de evidenciar que el tamaño de la partícula filtrada no condiciona la eficacia del aparato.

Se trata de una afirmación parcialmente correcta, basada en estudios de hace entre 8 y 25 años, cuando, paradójicamente, los filtros HEPA eran de uso casi exclusivamente industrial. Para entender su escasa comercialización hasta los últimos años, hay que viajar mucho más atrás en el tiempo, hasta los años 40, cuando los filtros HEPA eran parte del Proyecto Manhattan, dentro programa nuclear de EEUU en la Segunda Guerra Mundial. En concreto, su primer diseño -incluido en el bozal de una máscara similar a las antigas- estaba pensado para evitar entrar en contacto con partículas radiactivas en caso de una eventual guerra nuclear.

Fue el Nobel de Química Irving Langmuir quien estableció la máxima que sigue imperando 80 años después: para ser efectivo, el filtro tenía que ser capaz de atrapar partículas de en torno a 0,3 micras, que era el tamaño de las más peligrosas y nocivas detectadas hasta entonces. Esa cifra, que hoy repiten como un mantra la OMS, el CDC y otros organismos sanitarios para hablar de mascarillas o purificadores de aire, jamás estuvo pensada para la Covid-19, con un tamaño de 0,12 micras, sino para una guerra atómica que jamás se produjo.

De un experimento de la NASA a estar en cada hogar

De ahí que solo la NASA, otras agencias de alta ingeniería y parte de la industria farmacológica se interesasen por los filtros HEPA en la siguiente década y que, hasta los últimos años, se haya tratado de una tecnología prácticamente desconocida para el gran público: lo que en los 80 era una técnica de filtrado del aire exclusivamente reducida a entornos reducidos como habitaciones de hospital pasó a convertirse en un remedio casero para la creciente contaminación de las grandes ciudades; ahora, cualquier persona con un purificador de aire cree estar a salvo de cualquier nanoorganismo.

Pero precisamente la NASA elaboró en 2016 el último estudio serio respecto a los filtros HEPA. En él, aparece la segunda cifra que repiten organismos sanitarios y vendedores de purificadores: es eficaz al 99,97%. La clave reside en que este tipo de filtros no funcionan como una ‘red de pescador’ con un diámetro concreto por el que unas partículas pasan y otras no , sino que se trata de una serie de factores de retención, entre los que se combinan la inercia, la difusión y la capacidad de intercepción de una partícula. De ahí esa altísima efectividad de los filtros HEPA. Solo hay dos problemas: que se trata siempre de partículas superiores a las 0,3 micras y que el estudio de la NASA se ciñe exclusivamente a otro entorno reducido y controlado, la cabina de una aeronave.

Por todo ello, no sorprenden las dudas que generan los purificadores de aire entre la comunidad científica e, incluso, en el Ministerio de Sanidad, que si bien los recomienda para ciertos espacios reducidos en la lucha contra la Covid-19, en habitaciones de hospital o en salas de autopsias, por ejemplo, no son parte del paquete de medidas preventivas. En ninguna guía de actuación se señala más que como «complemento» a la renovación constante del aire en espacios cerrados y, en cualquier caso, su efectividad no está garantizada por ningún organismo sanitario para combatir la Covid-19.

Ventilar no es pasar frío

Los colegios requieren de asesoramiento «in situ» sobre cómo llevar a cabo una óptima ventilación y renovación del aire.

Se puede conocer si la ventilación es adecuada por medida de CO2. Sin embargo, cada aula es un espacio concaracterísticas propias y requiere una medida de los ppm de CO2 real y no estimativa.

¿Cómo se debe acometer la higiene del aire en las zonas especialmente críticas como los comedores donde los escolares se retiran las mascarillas para comer?

En muchas de nuestras aulas se intenta estudiar en condiciones térmicas inadecuadas para un trabajo sedentario, provocando enfriamientos que pueden llevarnos a aumentar la demanda de servicios sanitarios.

Conclusión

Se recomienda su uso en lugares sin ventilación y zonas hospitalarias con pacientes vulnerables como una medida más de protección, pero atención los filtros deben ser cambiados o higienizados habitualmente porque su función es retener. Es necesario un buen mantenimiento, porque puede suceder que vuelva a entrar el patógeno en el aire.

Necesario cambiar los filtros de 3 a 6 meses para garantizar que sigan siendo efectivos.

No limpia, su función es filtrar…y deja presencia de biofilms.

NO es una tecnología que permita desinfectar al mismo tiempo aire y superficies.

Cobertura limitada ya que su radio de acción es de unos 25 a 50 metros por lado de su ubicación.

A mayor fuerza de succión más gasto de corriente eléctrica de ahí que succione el aire próximo al aparato y no cubra todo el ambiente.

Los filtros agregan una caída de presión significativa que resulta en motores de mayor potencia y mayor energía del ventilador.

Filtros versus Plasma

Método de cálculo consumo

Método de cálculo de consumo de la energía por la pérdida de carga del filtro.

Sería una buena solución extrema si se combina con AOP FOG pues al quedar algunas partículas patógenas retenidas en el filtro pueden ser eliminadas al paso del desinfectante que lleva AOP FOG de 5 a 10 micras porque las partículas de covid-19 se hacen más grandes, al ir acompañadas de otras partículas que se encuentran en el aire y sobretodo partículas acuosas, y eso hace que la partícula adquiera un tamaño superior a cinco micras.

Las últimas recomendaciones de las autoridades para protegernos del covid son cada vez más extremas: silencio siempre y evitar hablar por el móvil en los desplazamientos con transportes públicos para evitar la propagación del patógeno.

Tras la «abrumadora evidencia» de que la Covid se transmite a través de aerosoles suspendidos en el aire, numerosos investigadores están reclamando a las autoridades que se reconozca esta forma de contagio y se adapten las medidas de prevención para la pandemia.

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