El amoníaco originado en granjas de animales llega a las ciudades

El amoniaco de las granjas de animales también contamina el aire de las ciudades como Barcelona. Las partículas en suspensión se reducen pero siguen por encima del nivel recomendado.

La Agencia de Salud Pública de la ciudad está estudiando qué afectación tiene en la salud de los barceloneses la presencia de amoníaco en el aire que respiran y que tiene su origen en las granjas de ganado, cerdos y gallinas, que hay en varias comarcas del país. Ayer, al ofrecer los datos del informe sobre la calidad del aire de la ciudad durante el 2020, la directora de la agencia, Elisenda Realp, explicó que se está estudiando el origen y las consecuencias de este agente contaminante que reacciona con gases secundarios. «Lo estamos estudiando a fondo, pero la solución a este problema implica una acción global de país», afirmó.

La emisión de amoníaco para la gestión de las deyecciones de cerdos y otros animales de cría es un problema conocido que ahora se ha hecho presente en Barcelona a través de las mediciones que se hacen de la calidad del aire. El amoníaco llega a Barcelona empujado por las corrientes de aire, al igual que la contaminación de la ciudad llega hasta la llanura de Vic y provoca el problema del ozono originado en las ciudades como Barcelona.

En cuanto al cómputo global de estos controles, la reducción de la actividad humana durante 2020 hizo que los niveles de contaminación de la ciudad fueran mínimos del año pasado y, por primera vez, se estuvo por debajo de los límites marcados por Europa y la OMS en la emisión de partículas que tienen su origen en los vehículos.

El área metropolitana de Barcelona y el Vallès son los puntos calientes de la contaminación, donde gran parte de los gases contaminantes tienen origen, con efectos directos sobre sus habitantes pero también con la correspondiente dispersión a unos cuantos kilómetros a la redonda. Cada verano saltan las alarmas de control de calidad del aire en la zona de la plana de Vic, donde los altos niveles de ozono troposférico alcanzados en los meses más calurosos del año provienen de Barcelona y su en­torno más inmediato. La brisa traslada hacia el norte toda la contaminación generada por la circulación, la actividad del puerto, el aeropuerto, la industria… y junto a la radiación solar forman una mezcla que acaba en los pulmones de las personas que residen en el área de Osona.

Y de forma inversa, la Agencia de Salud Pública de Barcelona ha detectado que una parte de las partículas contaminantes que se mantienen en el aire de la ciudad corresponden al amoníaco de las granjas de cerdos de la plana de Vic y del resto de Catalunya. Ese amoníaco que en este caso viaja en sentido inverso, hasta Barcelona, sumado a los efectos de la industria y la intrusión de polvo africano impiden que se alcancen los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a partículas en suspensión, aunque sí que se cumple el nivel legal marcado por la Unión Europea al conseguir reducirse un 23% la concentración media de partículas PM2,5.

En cambio, sí que se alcanzaron en el 2020 los niveles en cuanto a dióxido de nitrógeno (NO2). La razón es evidente: la parálisis de la actividad durante las semanas de confinamiento hizo respirar aire como hacía años que no se respiraba en Barcelona. Por primera vez desde que se tienen registros, todas las estaciones de vigilancia de la ciudad se quedaron por debajo de las líneas rojas marcadas tanto por la OMS como por la UE. El NO2 es un contaminante directamente relacionado con las emisiones del tráfico y todos aquellos días sin vehículos circulando por las calles repercutieron de un modo directo.

Durante el confinamiento de 2020 la caída de los niveles de NO2 fueron del 43%. En el global del año se quedaron en un 28% menos. “Ha sido un año muy duro para todos, pero en el sentido de la contaminación del aire nos enseña que cuando hay menos vehículos circulando mejora la calidad del aire, concluye la concejal de Salud, Gemma Tarafa.

Reducir la contaminación evitaría 600 muertes

Según el Ayuntamiento, si se consiguieran estos niveles de calidad del aire, con la reducción del tráfico rodado, se evitaría la muerte de 600 personas cada año en Barcelona.

La Agència de Salud Pública se ha atrevido a cuantificar. Según sus cálculos, de mantenerse la mejora de la calidad del aire conseguida el año pasado, se evitarían el 4% de las muertes naturales, es decir, alrededor de 600 defunciones al año. También disminuirían un 19% los nuevos casos de asma infantil (unos 300 anuales) y un 5% los de cáncer de pulmón (unos 50 al año).

Nota: El dióxido de nitrógeno u óxido de nitrógeno (IV)​ (NO2), es un compuesto químico formado por los elementos nitrógeno y oxígeno, uno de los principales contaminantes entre los varios óxidos de nitrógeno.

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